miércoles, 7 de agosto de 2013

Personas de quince años

Aurora tiene quince años.
Rara vez escribo sobre mi hija, porque trato de ser respetuoso con la intimidad de su crecimiento pero después de haberla despedido esta mañana en el aeropuerto cuando salía para Leizpig y de llegar, ya echándola de menos, al trabajo -donde he leido una serie de absurdos periodísticos veraniegos sobre la responsabilidad, travesuras y hábitos de las personas de quince años,disculpando a un conocidísimo adolescente de este país que a una cartilla escolar deficiente añade una inmadurez y tendencia a la pataleta de los que en otros tiempos menos correctos políticamente se decía que se resolvían con “dos gofetás”- no he podido por menos que plantearme que o tengo mucha suerte o una hija que es un privilegio.

Quizá de aquí a un tiempo cuente una anécdota  -tengo decenas- muy reciente en que nos ha demostrado que a su edad, a pesar de una adversidad,  es sentada, madura, juiciosa, critica, divertida y muy buena gente, más que muchos adultos, aunque sorprendentemente también muy sensible. Frente a esa supuesta insensibilidad que hoy se achaca a los adolescentes como si fuera un irreparable aunque pasajero acné de esos años, creo que está en el momento en la que uno empieza a establecer definitivamente la conciencia y el compromiso y, a través de esa sensibilidad ante lo ajeno, me da la impresión de que lo está haciendo –para ella misma-  bien.

No quiero decir con esto que se encuentre en una edad equilibrada ni –muchas veces- amable con los demás. Como buena adolescente es a veces despegada, algo desabrida e incluso nos trata a su madre y a mí con la suficiencia de quien hablara con personas que acabaran de llegar de fuera del mundo. No: no es en absoluto mansa, aburrida, sumisa, tonta o clónica. Es una persona en crecimiento y en descubrimiento del mundo, así que lo digo todo. Aún soy capaz de recordar la efervescencia –y los choques con el mundo que provocaba eso- de cuando yo me sentía así.

Pero aún pudiendo revivir los sentimientos de un adolescente, me resulta intolerable que hoy a los menores se les trate como a mascotas o como a sujetos que por inimputables parecen no tener deberes, como casos perdidos, sordos o merecedores de todas las indulgencias. He visto familias que asuman las responsabilidades que asuman sus hijos, siempre les premian y alaban de la misma manera, como si tuvieran un mantra debuenrollismo con el que creen que se aseguran a su hijo. He visto padres que se han enfrentado con el educador, monitor, profesor o persona que lleve mínimamente la contraria a su hijo. Conozco padres que defienden que sus hijos todo lo hacen bien -¡estaría bueno, en la edad de probar y experimentar casi todo, que acertaran siempre!-: siempre he afirmado que la personalidad de quien serás de adulto se forja definitivamente –es la única edad en que los padres podemos influir o malear- antes de los siete años. A esa edad ya eres un esbozo casi definitivo de quien serás en el futuro, por más que con el tiempo y la experiencia se moldeen un poco tus rasgos.

Curiosamente estos primeros días de agosto, la experiencia con mi hija y la relectura de un esbozo biográfico de Rimbaud -“no se puede ser poeta a los diecisiete años”- y de la novela de Bret Easton Ellis “Less than Zero”, junto con el hecho de que alguna de sus excompañeras de colegio sea ya, más que una niña, madre, me corroboran en la tesis de que ya  -no digo que esté escrito ya si van a ser definitivamente triunfadores, díscolos, genios, delincuentes o carne de cañón- en su carácter sí que se denota si tienen, para el futuro, rasgos de  personas críticas, fuertes, audaces,solidarias, brillantes, valientes, responsables o dignos de confianza o si por el contrario serán caprichosos, chantajistas, pusilánimes, ruines, rácanos, vagos, ramplones, escaqueados o acomodaticios. Puede que me dé sorpresas en el futuro, pero estoy convencido de que ella se encuentra dentro del primer grupo.Y eso -¡qué quieres que te diga, en este tiempo de perdonar y pasar condescendientemente por alto todo a quien tendrá en sus manos nuestro futuro!- me alegra.

jueves, 25 de julio de 2013

El horror en directo

Han pasado ya más de doce horas y la cifra de víctimas mortales parece situarse en 80.

Anoche, mientras Jorge Javier repartía cartas de esas cosas que se quiere decir la gente y la española daba un programa grabado del –por otra parte excelente- equipo de “Comando Actualidad”, me subí al ordenador y noté que en redes y en medios digitales se empezaba a difundir la noticia del gravísimo descarrilamiento de un tren Alvia de alta velocidad que había salido de Madrid y estaba a pocos kilómetros del su destino, Santiago de Compostela, con un balance inicial que se estimaba en 22 muertos. Hace tiempo que no sigo las noticias por radio, y si lo hago, lo hago por Internet. Me asomé a las escaleras y le pregunté a mi mujer: “¿Dice algo la tele de esto?”. Tenemos más de 100 canales de cable. Zapeó y al final, en el Canal 24 Horas de la española empezó a ver imágenes. También TVG había interrumpido de forma casi inmediata su programación para centrar todo su esfuerzo en informar del horrible accidente.

Nunca he sido morboso con lo ajeno, en absoluto. En los casi 18 años que he trabajado en medios, tener que informar de los sucesos –esas noticias que no son el IBEX,las notas oficiales del gobierno, cifras, tiras y aflojas políticos, chalaneos judiciales, municipales o de amiguísimos del alma- muchas veces es lo que realmente me ha puesto la piel de gallina y, en alguna rara ocasión, el nudo en la garganta. La verdad es que trabajar con sucesos hace que te vayas generando un callo –o que mantengas cierta distancia con ese “material de trabajo” si es que no quieres volverte loco ante ciertos horrores- cuando tienes que cubrir en directo historias como los atentados en que perdió las piernas Irene Villa, el incendio de los almacenes Arias, el horror de Alcalá 20, algunas tragedias en las pistas de Barajas u otras pequeñas historias descarnadas y dolorosas como suicidios,malos tratos y secuestros.

El informador–aunque trabaje para una empresa privada- ha de tener en primer lugar, una vocación de servicio público, como el bombero, el policía, el maestro, el juez,el médico del ambulatorio o el funcionario de detrás de la ventanilla. No se puede morder la mano del grupo editorial, la ideología o los anunciantes que te dan de comer pero si haces información lo que no debes hacer nunca es morderle la mano a la verdad ni ocultar lo que ocurre. Trabajé en una tele “todo noticias” cuyo slogan era “Está pasando, lo estás viendo” y en una radio local de formato similar que se jactaba de contar las cosas según ocurrían en la ciudad. De la misma forma que se cubrían acontecimientos deportivos, culturales o políticos estábamos mucho en la calle, con la gente, con el denostado suceso–parecía que quien hacía sucesos era más de segunda categoría informativa que quien hacía Moncloa o información parlamentaria-: los sucesos curten. Se trata de las cosas de verdad que les pasa a las personas, historias de las que nosotros mismos podíamos haber sido protagonistas.

Ayer mismo, yo había viajado en coche a Levante ida y vuelta para recoger a mi hija y a mi suegra y evitar que tuvieran que hacer el trayecto desde la playa, después de una semana de vacaciones, en un Alvia. Ayer mismo. Un tren idéntico.  El día de los atentados de Atocha oí retumbar mis cristales y ví levantarse las columnas de humo en el Pozo y en Santa Eugenia desde mi ventana: esa mañana tenía que llevar a mi padre a una revisión en el Virgen de la Torre, uno de los centros que recibió más heridos desde primera hora. Sientes que tú podías haber sido uno de ellos. Por eso, como te roza tan de cerca, cuando informas sobre ello debe ser con el respeto, el cariño, la mesura, la sensibilidad, la velocidad y el rigor que debe caracterizar a una información tan sensible.

Hace años que no trabajo ya ni en radio ni en prensa ni en televisión ni en Internet. Pero algo queda de esa vocación de informar. Y anoche me puse a subir a redes teléfonos, sitios donde ir a donar, opiniones de primera mano.Observaba horrorizado que pocas instancias oficiales  -Feijóo y Pastor fueron excepciones- se plantaron en el sitio a arrimar el hombro: los médicos en paro iban a los hospitales a ayudar, los bomberos en lucha laboral desconvocaban sus huelgas,los donantes de sangre colapsaban los centros de donación, los vecinos del pueblo abrían sus casas y las ponían a disposición de quien hiciera falta. Pero la nota de Moncloa no salió hasta mucho más tarde y encima fue un desafortunado cortapega mientras  la familia del jefe del estado –deben tener otras ocupaciones, supongo, en vísperas de Santiago-reaccionó con el mismo tipo dolido de nota que la que mandó el pápa desde Brasil. Y aún algunos medios –aún no alcanzo a entender con qué torticero interés en medio de la confusión, el dolor, y mientras aún había cadáveres entre los hierros- hablaban, sin pruebas o criterio, de atentados.

Dice Jorge Moruno esta mañana: “En los momentos duros, en las situaciones cruciales,desgarradoras, no aparecen los recortadores, los fondos de inversión, las grandes empresas, la idea de competitividad, el individualismo. Al contrario,es cuando se destaca la solidaridad, lo común y los servicios públicos que son de todos y para todos”. Yo también soy de los que siempre ha creido en la intercesión de la gente buena más que en la de los apóstoles, de todas todas.

Por eso me alegro que me quede un poco de profesionalidad y vergüenza torera de periodista, esa carrera que ya no ejerzo pero que llevo dentro. Y naturalmente me alegro de continuar siendo –sintiendo, poniendo orden a mis cosas, condoliéndome, alegrándome y buscando la verdad- básicamente una persona. Pero ahora ya soy como un columnista o como un tertuliano: me puedo permitir el lujo de contar estas cosas doce horas más tarde.

Mis condolencias.

viernes, 12 de julio de 2013

Mujeres en la redacción

Nunca me he considerado machista. Ni de pequeño. Hoy, cuando empiezo a escribir esto, me pregunto si no tendrá cierto tinte sexista hablar de las mujeres que he conocido en mi trabajo cuando me he dedicado al periodismo, porque el sexo, seguramente, no es un criterio de valoración. Lo cierto es que he tenido mucha suerte, en general, con la mayor parte de las compañeras o jefas mujeres con las que me he cruzado en el camino, tanto a nivel profesional como de trato.

De pequeño tuve grandes amigas en el colegio. Cuando empecé a dar recitales, una de mis primeras compañeras en eso de la poesía fue Lara, que luego ha dirigido una de las emisoras musicales más características del país, incluso siendo pública. Con ella hice mis primeros programas de radio en una emisora libre cuando aun éramos ambos menores de edad.  Cuando llegué como becario a la primera cadena en la que trabajé, en el equipo de redactores de aquel primer programa matinal en el que trabajé había mujeres, hoy respetadas, premiadas  y reconocidas como Maria José o Almudena. Hice muchos boletines y tuve cierta complicidad que aún mantengo en la distancia con ambas: una ha dirigido programas de radio de nombre reconocido en la historia periodística reciente y la otra ha sido reportera y corresponsal de trayectoria impecable. Allí conocí otras compañeras como Isabel, Maria Jesús, Paloma y jefas de programa –de reconocidísimo prestigio- o sección como las dos Ángeles o la mujer –al final diré su nombre-  a la que dedico hoy este recuerdo.

Cuando salí de allí pasé a otra empresa radiofónica de la que entresaco los nombres de Rocío –esa profesionalidad y esa alegría- o María –esa voz-, Keka, Marisa o Ana, hoy la decana de presentadoras de los informativos en el país. Una muy reputada periodista vecina, Maria Teresa, confió lo suficiente en mi forma de trabajar como para recomendarme que me presentara a la selección de redactores para el primer programa de televisión en el que trabajé, cuando aún había una sola televisión en el país. En aquel programa conocí a compañeras –era el único redactor varón- como Nieves -mi jefa de redacción-, Irma, Terelu, Chari… Haberlas conocido, y seguir saludando a alguna de ellas de tarde en tarde me hace apreciar que, por más que el tiempo les haya impreso popularmente una etiqueta a veces despectiva como “mujeres de programas”, la mayor parte de ellas exudaban –aún lo hacen- profesionalidad, arranque, alegría e ideas.

He pasado por más empresas y recuerdo los nombres de Maribel, de Begoña, de Marta, de Sandra, de Letizia –sí, con zeta-, de Inmaculada, de Naya, de Pilar, Eva, Concha… Empresas privadas, gabinetes públicos, radio, tele, internet. De la mayor parte de ellas guardo muy buen recuerdo profesional, de apoyo e incluso de amistad que se mantiene, aunque algunas de ellas estén presentando esta misma semana sus telediarios. Con el tiempo, cuando salí de esto he conocido a través de redes, de cartas al director o de presentar curriculos –cuando aún creía que podria seguir viviendo del periodismo- a mujeres como Malena, Mariola o Maruja. Hay viejas conocidas, como Berna, por las que sigo guardando un gran respeto y admiración profesional, o amigas casi de la infancia, como Elvira, que hoy firman libros y tienen sus leídas columnas, con las que siempre resulta cómplice echar unas risas. Todo esto contado, sin desdoro de los caballeros y amigos varones –que naturalmente los hay, a los que quiero, y que saben quiénes son- que he conocido en toda esa misma trayectoria.

No creo en dios y creo que al morir sólo sigues viviendo en quien te quiere, te admira, te respeta o te recuerda. Por eso quiero dedicar hoy mis respetos y mi recuerdo y, especialmente, a dedicar un buen viaje a una mujer que siempre me inspiró profesionalidad, alegría, buen rollo, ganas de trabajar y admiración. Ojalá hubiera muchas como ella.

A donde te haya tocado ir esta vez, que tengas muy buen viaje, Concha.

martes, 9 de julio de 2013

Retóricas y mentiras

Está reunido. Te querré para siempre. Qué ricos están sus niños. Estamos al corriente de pagos. No me consta. Salgo en cinco minutos. Estás igual, pero igual que hace veinte años. Me duele más a mí que a ti. Toda nuestra contabilidad esta auditada de forma transparente. No me acuerdo. Con tu edad yo no hacía eso. No está. Parece un tumor benigno. Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a nuestros deudores. Volverán las oscuras golondrinas de tu balcón sus nidos a colgar…

El ser humano es el único animal que basa la mayor parte de su experiencia vital en la transmisión y recepción de mensajes falsos que, mediante el lenguaje oral o escrito, trata de hacer pasar por ciertos negando la evidencia. El descubrimiento y utilización del lenguaje es, seguramente, uno de los rasgos diferenciales de nuestra especie que nos ayuda a abstraer, a hacer poesía, a contratar, a insultar, a diagnosticar, a desarrollar fórmulas matemáticas, a rezar, a educar y a enseñar, a prometer e incluso a amar mediante palabras.

Desde pequeños aprendemos a recorrer un campo minado de palabras poéticas, literarias, religiosas, históricas, contractuales, políticas, retóricas, de relación social, de convivencia, de educación, protocolo, de negocio que son pura mentira. Humo de pajas. Muchas veces las palabras envenenadas propias o ajenas son las que nos ayudan a reforzar nuestras pobres convicciones, por más que la realidad se empeñe en negarlas. El descubrimiento de quiénes son los reyes magos no es más que la primera piedra del asfaltado de desilusiones sobre los axiomas que damos por referencia cierta que, de repente, se caen, dejando al descubierto los verdaderos palos del sombrajo que, muchas veces, no nos da ni la sombra que creíamos que nos protegía.

Las palabra de amor, sencillas y tiernas, no vienen a ser más que una declaración buenista de intenciones –generalmente hacia  la persona que más queremos, deseamos o necesitamos-  que se desvanecen con el tiempo o que, al menos, resultan ser en la realidad bien diferentes a las aspiraciones que poníamos en el sentimiento inicial. La historia siempre la escriben quienes ganan, por lo que siempre es un sesgo de la realidad de la que se debería aprender más de lo que se oculta que de lo que se cuenta. Cada idioma tiene sus inflexiones, sus refranes, sus escondrijos, sus circunloquios para camuflar la realidad con palabras. Incluso la ciencia, tan cabal, pasa de la tierra plana al bosón de Higos sin solución de continuidad ni desmentidos. Ni siquiera el lenguaje matemático es otra cosa que el intento de hacer palpable una abstracción.

Mentimos y nos mienten contínuamente. Incluso cuando tratamos de ser veraces. Por ello, el lenguaje es el paraíso de los mentirosos. Quienes viven –y más si ganan al cambio- de hablar suelen ganar posiciones prometiendo lo que no es: los testigos de Jehová, los bancos, los amantes… En primero de periodismo te advierten que sólo puedes hablar de lo que es objetivamente cierto y constatable antes de elaborar un titular. Y mira dónde estamos.

Recuerdo que Juan Pablo II decía que el español es el idioma de hablar con dios. Por sus tonalidades, sus infexiones, su poesía, su garra consonántica, me imagino. A dios –creo recordar- le han hablado también en arameo, en hindi, en navajo, en árabe estándar, en swahili, en franchute, en latín y… de momento, no tengo noticia real de que haya habido feedback. Y es que parece que hay idiomas en los que llega mejor el mensaje, incluso aunque sea para hacer transacciones de mentira permanente. Pasa lo mismo con la política –al final, toda la relación entre humanos va a ser política-, pero partiendo de la base de que la mentira es ese rasgo distintivo de nuestra especie, mentir –estoy convencido- tiene su arte, tiene su código, incluso tiene su ética.

Incluso he oido hablar de la mentira piadosa, esa técnica de mentir que presuntamente favorece a aquel a quien se miente, -aunque al final no se suelta si no favorece al que la cuenta- pero a mí no me gusta ser consciente de ella ni por esas.

Y sobre todo, en este momento –en este auge planetario y global de la sociedad de la comunicación- de mentiras burdas, me jode soberanamente quien miente sin sistema, sin poesía, sin profesión, sabiendo que va a ser pillado de forma inmediata y va a tratar de esquivar su torpeza mintiendo otra vez.

Ahora lo tenemos lleno de esos.

jueves, 23 de mayo de 2013

Pequeñas cosas

Decía hace un rato: 
Creo que abriré esta tarde mi nuevo formato de blog escribiendo algo sobre dos personas que son titular en el día de hoy:Moustaki y Leibovitz. Personas de esas que no nos han salvado ni resuelto la vida, pero que nos han proporcionado pequeñas -e importantes- claves para entender el mundo... y también placeres”.

Me ha costado arrancar de nuevo el análisis sesgado, pequeño, casi de provincias o de pueblo que hago del mundo a través de esta ventana mínima a la literatura, la actualidad o la –no sé- posteridad del blog. Últimamente me ponía sesudo, a veces pecando de grandilocuente, a analizar las macroeconomías, las ideologías, los intereses multinacionales, los envites –o embates- de la bolsa, los movimientos judiciales y bancarios de los grandes ladrones indemnes…y, no, no es que no me interesen, pero me sentía bastante vacío después de escribir sobre esas cosas que ya no sé si todo el mundo entiende o adivina igual, pero que a mí me indignan aunque, después de escribir sobre ellas no sólo no se me alivia el escozor sino que me da la impresión de que al final, esas palabras son barridas como un castillo de arena cuando sube la marea.

¿Qué cosas me conmueven, me hacen pensar, me hacen cambiar,mirar desde otro ángulo, reflexionar, llorar, reir o me ponen los pelos de punta? Sin duda no la prima, el ibex o los años que hay que cotizar –eso me preocupa: sin más- sino lo bello, lo inútil de lo artístico, la poesía, la música, lo horroroso, lo diferente, lo exótico. Esta misma tarde me he sorpendido otra vez  con mi famoso nudo en la garganta ante una reflexión cinematográfica sobre la muerte. El mismo día en que se moría Moustaki, -de raiz griega y egipcio de nacimiento,  Youssef Mustacchi- y le daban el Príncipe de Asturias de las Artes a Annie Leibovitz.

Moustaki, como Piaf o Brassens fueron para muchos aquí un soplo de poesía reivindicativa –cuando lo francés, “nouvelle vague” o “gauche divne” era casi tan innovador para nosotros como luego sería el cine inglés de los 70-. A mi creo que mi presunta rojería me entró por oleadas musicales y artísticas. Aunque reconozco los méritos de Marlene Dietrich cantando, del cine de Leni Riefenstähl o de los dibujos de Sáenz de Tejada, la verdad es que las primeras expresiones artísticas que me erizaron el vello fueron cosas como la Cantata de Santa María de Iquique. Algo parecido a lo que me pasó con las fotos del World Press Photo, pero también con las de Beaton, Erwin Olaf, Witkin o la Leibovitz. Y con determinados columnistas. Y con pinturas. Con series de televisión –contadas- de guiones impecables. Con canciones. Con cineastas difíciles que dejan poso. En 2009 abrí la primera etapa de este blog, -cuando me incitó a escribirlo mi amiga Silvia-  hablando de esas otras pinceladas de la actualidad que ocupan –si lo hacen- recuadros de la parte inferior en las páginas pares de la prensa: no de los scoops o de los titulares del telediario.

 Decía entonces:Yo,que soy tan paranóico para lo íntimo. Pues a volcar el disco duro mental a un blog (…) Me leo las noticias de hoy: un muerto en San Fermín, Borat haciendo de mariquita en la nueva de Baron Cohen, el segundo muerto de la gripe A era cuarentón, la guerrita Micheletti-Zelaya, Obama dando largas a la cumbre del clima, el pepinazo de Durango y el laboratorio de adelgazantes chungos de Zamudio, las recetas personales para el estrés de Jacko, nueva caida del IPC. No me pone nada. ¿Es pereza matinal o me cuesta más pensar?, ¿es el calor?,¿tengo un callo en el corazón?, ¿cuesta desnudarse a pelo, ahora que sabes que puede haber espectadores?

 A mi me obligaron...

Empezar un blog y estar espeso o tímido...no pué ser. Yo que soy tan gracioso, que saco punta a todo y me estreno así. ¿Falta de munición o eyaculación precoz? Esto de escribir es casi como el sexo. Abrir blog es como desabrocharse la cremallera, confiado en que vas como una moto. Y luego...una vez que escribes, resulta que me duele la cabeza, no es el momento o disparas salvas sin pólvora”

Bueno, pues estamos de nuevo en ello. Vuelvo al blog. Y no será por los de siempre –no- sino por gente como Leibovitz, Haneke, Moustaki que te apetece, como ellos, dejar otra vez una pincelada nimía sobre el cuadro de la vida.

Porque, al final, esas son las que quedan.

envite.
(Quizá del cat. envit).
1. m. En algunos juegos de naipes y otros, apuesta que se hace parando, además de los tantos ordinarios, cierta cantidad a un lance o suerte.
2. m. Ofrecimiento de una cosa.
3. m. Envión, empujón.

embate.
(De embatirse).
1. m. Golpe impetuoso demar.
2. m. Acometida impetuosa. U. t. en sent. fig.
3. m. Mar. Viento fresco y suave que reina en el verano a la orilla del mar.
4. m. pl. Mar. Vientos periódicos del Mediterráneo después de la canícula.

sábado, 6 de abril de 2013

Bola extra (2013)














(I)
Una mentira,
aún con sus patas cortas,
corre deprisa.
(1.2.13)


(II)
Sólo hace falta
la etiqueta de digno
y ciudadano.
(2.2.13)


(III)
Los miserables
no pueden ser quienes
piden justicia
(3.2.13)


(IV)
A ese cangrejo
huir hacia delante
lo ha delatado.
(4.2.13)


(V)
¿Lo más virtuoso
es sentir hacia dentro
y no gritarlo?
(5.2.13)


(VI)
Ser o no ser.
Aunque, en caso de ser,
saber quién eres.
(6.2.13)


(VII)
Envidio a esos
atletas matinales
que van corriendo.
(7.2.13)


(VIII)
Nadie es perfecto:
pero unos menos que otros,
eso sí es cierto.
(8.2.13)


(IX)
¿Chanquete ha muerto?:
déjenme que consulte
la hemeroteca.
(9.2.13)


(X)
Cuarenta y nueve.
La edad de la razón...
pero al cuadrado.
(10.2.13)


(XI)
Una traición
se disculpa a un idiota,
no a un gobernante.
(11.2.13)


(XII)
¿Revolución?
Pues... leyendo ponencias
no se consigue.
(12.2.13)


(XIII)
Toda una vida
construyendo un futuro
que se transforma.
(13.2.13)


(XIV)
Un golpe duele.
Nunca más al que da
que al que recibe.
(14.2.13)


(XV)
Anticiclón,
meteoritos, relámpagos:
¿ya es primavera?
(15.2.13)


(XVI)
Sin equipaje
y por la noche larga
se fue, sin más.
(16.2.13)


(XVII)
Abre las alas
lanzándote al espacio
que quien cree, vuela.
(17.2.13)


(XVIII)
No es saludable
estar bien adaptado
a la injusticia.
(18.2.13)


(XIX)
Los noticiarios
nunca hablan de poesía:
hablan de números.
(19.2.13)


(XX)
En aquel cine
la puerta de Tannhäuser
daba a la calle.
(20.2.13)


(XXI)
Si tú me dices
"Sic Transit Gloria Mundi",
lo dejo todo.
(21.2.13)


(XXII)
Mejor perder
la corrección política
que callar siempre.
(22. 2.13)


(XXIII)
Reflujo de una
bajamar. Pleamar.
Es... la marea.
(23.2.13)


(XXIV)
Lo transitivo
si lleva al mismo sitio
no es transitivo
(24.2.13)


(XXV)
Ves que amanece,
cruzas el ecuador:
¿sientes el sol...?.
(25.2.13)


(XXVI)
Tras la tormenta
suele llegar la calma
en diferido
(26.2.13)


(XXVII)
No se te pierden:
las palabras prestadas
te las devuelven.
(27.2.13)


(XXVIII)
Filosofía
de nivel avanzado:
"Ola, ¿k ase?"
(28.2.13)


(XXIX)
¿Cuándo el destino
comenzó a hacer su ciclo
por el zodiaco?
(1.3.13)


(XXX)
No es sólo ella.
¡Que nadie es cortesana
si no hay demanda!.
(2.3.13)


(XXXI)
Globalizar
lo primero que expande
es la estulticia.
(3.3.13)


(XXXII)
Cuando uno cree
que no aprenderá más
es que se ha muerto
(4.3.13)


(XXXIII)
No significa
si la cosa prescribe
que la olvidemos...
(5.3.13)


(XXXIV)
Al rebelarse
contra la alienación
se vio traidor
(6.3.13)


(XXXV)
Y... mientras tanto,
en otra dimensión
amanecía.
(7.3.13)


(XXXVI)
Alicia insiste
en celebrar mejor
todos los días
(8.3.13)


(XXXVII)
Es muy curioso
acabar deseando
ser galeote.
(9.3.13)


(XXXVIII)
Pues... por no hacer,
siempre nos quedará
darle al 'replay'
(10.3.13)


(XXXIX)
Once de marzo:
Fukushima y Atocha...
¿fueron instantes?
(11.3.13)


(XL)
Baja el telón
y flotas boca abajo
en la piscina
(12.3.13)


(XLI)
Los dioses son
trazos de la canción
erosionados.
(13.3.13)


(XLII)
Se comunican
en la era digital
con chimeneas.
(14.3.13)


(XLIII)
Cuando agoniza
el tiempo de los haikus
florece el año.
(15.3.13)


(XLIV)
¿Baile de máscaras?:
yo me disfrazaré...
¡de enmascarado!
(16.3.13)


(XLV)
Te haces mayor
cuando más que regalos
quieres momentos.
(17.3.13)


(XLVI)
Al insensible
las letras y guarismos
se le hacen signos.
(18.3.13)


(XLVII)
Cuando uno es padre
el libro de instrucciones
se va escribiendo.
(19.3.13)


(XLVIII)
Hay algo mágico
en quedarse en los límites
de los abismos
(20.3.13)


(...y XLIX)
De ser tan libre,
el perro sin correa
busca a su amo.
(21.3.13)