Me he ganado la
vida de muy diferentes maneras:
maquetando revistas, impartiendo clases de inglés o en organismos públicos, de
redactor, haciendo encuestas, de
locutor, dando recitales, vendiendo cosas, cuidando niños, haciendo cerámica, informando
del tráfico, midiendo dureza de materiales, recogiendo huevos, fregando platos,
montando happenings, haciendo
castings, puliendo madera en una ebanistería, cantando, entrevistando, haciendo
radio, tele…, pero una de las formas más extrañas y divertidas que he tenido de
llevarme el sueldo a casa ha sido poniendo música a las cosas.
Yo no soy compositor: soy bastante malo para eso. Pero sé bien de los efectos de la música sobre
En los últimos
años, noto que se ha ido variando paulatinamente el estilo de la música general
de fondo para hacernos sentir culpables o tener miedo. Variar, primero levemente
y luego de forma más ostensible o grosera los ritmos con que nos arrullan en
los trabajos, en la política o en la estrategia sociocultural nos está llevando
a vivir con algo más de zozobra. Haber
trabajado de ambientador musical –es un oficio remunerado, con categoría
laboral, legal- me hace detectar con facilidad los ritmos con los que me
quieren hacer bailar, esa música de fondo que, a veces, se cuela
imperceptiblemente sin que lo notemos, hasta el fondo del tuétano con capacidad
desde de ponerte los pelos de punta a emocionarte hasta la solidaridad, la
compasión, el enfado o la prisa.
En estos tiempos
en que tanto se especula con lo que contienen los sacos amnióticos confieso
que, como melómano, durante el embarazo de mi hija, la barriga escuchó muchísima
música clásica y que estimábamos de cierta calidad para inducir –supongo que,
casi de forma idólatramente simplona- que la futura niña naciera ya con cierta
sensibilidad ambiental. No sé si, al
final, por genética o cultura, mi hija entona bien y no sólo adora la música de
todo tipo sino que se eriza con facilidad ante ciertos impulsos sonoros. Y
quizá es una tontería, pero me parece que, deliberadamente, desde que comenzó
este tiempo oscuro, nos están cambiando a todos la música de fondo. Supongo que
para conformarnos.
Por lo menos, yo sí lo noto. La verdad es que este dj no me gusta nada.

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